En el nombre...
Acercarse a esta película de Kiyoshi Kurosawa bajo la aún presente sombra de Kairo (Pulse, Kiyoshi Kurosawa, 2001) hace que nos cuestionemos una aproximación a Tokyo sonata a través de la ya llamada dictadura del auteur. Tras un plano en el que una hoja de periódico revolotea a su libre albedrío en una estancia vacía y después de una escena en la que vemos el despido de un trabajador de una gigante empresa (gran maestría la de Kurosawa para situar, desenvolver y crear el primer punto de inflexión de la trama) nos damos cuenta de que todo esto nos suena pero no era japonés, así que dejamos de lado la visión autoral para inspeccionar otras opciones.
...del padre...
En American beauty (íd., Sam Mendes, 1999), Kevin Spacey interpretaba a un cuarentón que decidía dejar de ser un zombi al poner patas arriba su estable vida de clase media para instaurar la anarquía en su lugar. Forzaba su despido en el trabajo (de una forma similar a la empleada en Tokyo sonata) y evidenciaba su fracaso en todas las facetas personales de las que disponía (como también ocurre en el film de Kurosawa). Tras un inicio de filme en el que el propio Lester nos anuncia que al finalizar la película estará muerto, sus decisiones y rupturas se perciben como el grito desesperado de quien sin miedos decide poner punto y final a una vida forzada por las apariencias sociales. Irónicamente, como todo en American beauty, Lester acaba siendo asesinado por alguien que siguió sus pasos sin conseguir los mismos resultados. Así tenemos la certeza de que ante una misma situación, dos personas (y menos cuando son de diferentes culturas) no actúan (ni deben hacerlo) de la misma forma. En el personaje del señor Sasaki, Kurosawa parece plantearse el álter ego del Lester de Mendes filtrado por la diferencia cultural. Ante un despido forzoso/forzado de similares características, los caminos de ambos personajes se convierten en paralelos destinados a no tocarse nunca: el americano disfrutará de su nuevo estado (trabajando orgulloso en un fast food) mientras que el japonés se enchicará en su situación de caos (ocultando la vergüenza de ser un empleado de la limpieza). El americano dominará, a través de sus decisiones, el mundo que le rodea; el japonés aceptará cabizbajo la situación heredada de otros y acogerá frustrado las tristes consecuencias de las pocas decisiones tomadas en primera persona.
...del hijo...
En la película de Kurosawa, la crítica que en American beauty se subrayaba con la ironía queda remarcada por la comedia (sugerida) que se deriva de la extrema importancia que tienen las apariencias en la sociedad japonesa. El respeto ante los rangos es algo que sólo se ve trastocado cuando se detecta una brecha en el sistema, momento en el cual la sociedad da la espalda -radicalmente- a quien ha dado un paso en falso. En una clase en la que se está enseñando el uso de la voz respetuosa en el lenguaje hablado (mini punto de ironía para Kurosawa), el profesor castiga a Kenji por algo de lo que el hijo menor de los Sasaki no es único culpable, haciendo que el muchacho acabe espetándole al profesor haberle visto con un cómic porno. Esa afirmación sirve por sí misma para romper en mil pedazos la imagen de autoridad que el maestro tenía ante sus alumnos. “Has iniciado la revolución”, le dice uno de sus compañeros al chaval. Es tal la presión social por la perfección dentro de la sociedad nipona, que un retrato tan cínico como el de American beauty hubiera acabado siendo una comedia localista. Kurosawa, conocedor de ello, subraya de manera más sutil y dramática gracias a la subtrama del maestro, la presión a la que los japoneses están sometidos por su entorno social. El acto que en American beauty liberaba al personaje, se convierte en su cepo en Tokyo sonata.
...y del Espíritu Santo...
Takashi, el hijo mayor, divaga sin rumbo. A través de un impulso lleno de buenas e inocentes intenciones, se suma a los militares americanos para combatir junto a ellos y proteger así “a su familia y a su país”. La influencia ejercida por Estados Unidos en las naciones del primer mundo es algo palpable a nuestro alrededor, pero la aceptación que en un país como Japón tiene el gigante de McDonalds es difícilmente calculable. Los valores y las tradiciones de las generaciones preglobalización han sido sumidas en el olvido, y los jóvenes japoneses congenian mucho más con el American way of life que con sus propias raíces, alegando que “Japón ha sido incapaz de defenderse solo” durante toda su historia. Educar a generaciones enteras bajo el respeto por quien mantiene la fachada, no podía lograr otra cosa que llevar a la juventud a adorar al país que construye su fama a través de anuncios de felicidad vendida en latas de Coca-Cola. Kurosawa analiza a través de este “espíritu santo” (surgido del joven como si de un autómata respondiendo al ping de su creador se tratara) el por qué la juventud de su país mira con admiración a otras naciones y desprecia lo propio.
Amén
Planos perfectamente encuadrados, movimientos suaves de cámara... Toda la película está pensada al servicio de que el operador no cobre protagonismo. Tokyo sonata es (aparentemente) perfecta y clásica, como también lo es la vida de la descuidada, hasta el momento, en el triunvirato protagonista. La mujer (no ya la madre o la esposa) vive su primer momento relevante cuando la cámara toma vida, hacia la última media hora final, en un atraco en su propia casa. Por primera vez en la película y en su vida, la Sra. Sasaki pasa a estar en primer plano. Conduce un coche robado, recoge sus ahorros para dárselo al atracador, desplanta a su marido en un encuentro casual y finalmente aparca en una playa en la que se derrumba su apariencia estoica. Mientras que Annette Benning se tiraba al líder de la competencia, la Sra. Sasaki se muestra destrozada ante una vida que sólo le ha satisfecho en la parte social de las apariencias. En un momento en el que se cuestiona el todo de su existencia (“qué maravilloso sería despertar y ver que toda mi vida ha sido sólo un sueño”), se vislumbra una luz de esperanza que finalmente se esconde tímida para regresar a la perfección del clasicismo. Con él, los protagonistas van de vuelta a la familia perfecta que contempla cómo su hijo menor cambia la revolución escolar por el piano. Todos callan, todos asienten, todos deciden que “así sea”.

Pero que buena eres coñe!!
Me parece magnífica tu crítica, ya te lo dije pero es que la he vuelto a leer y uff! La comparación con American Beauty fué un acierto genial y encima lo bordaste, y no digamos ya lo de la Trinidad!
Amén! ;)
Un petonàs!
HE DE VISIONAR.
Todavía siento moralmente una barrera contra el cine asiático (vamos, que no soy capaz aún, y digo bien, aún, de ponerme una película asiática por gusto, mátame, llámame racista, o lo que sea), así que textos como éste son una perfecta coartada para hacerlo.
Besos!
ah, lo promíscuo es deuda:
http://www.pastemagazine.com/blogs/lists/2009/11/the-10-best-internet-memes-of-the-decade.html
esto le va a molar también al arriba firmante, lo visiono.
Jajajaj All your base are belong to us! Miiiitico!
No se si al decir "arriba firmante" te refieres a mi o a ti mismo XD Pero si es a mi has acertado! jejeje
Saludos!
es correzto y evidente que a ambos :P
joder, lo del "all your base are belong to us" lo vi hace tiempo, pero con la lista lo he retomado y es de morirse! no he podido evitar poner en un comentario lo del chipmunk, además...
salud!
Buena reflexión Mónica. La parte que más me ha gustado es la del "amén", quizás porque no he acabado de entender la comparación con American Beauty más allá de la diferencia de culturas, algo sabido antes de rodar un solo plano. Pero aún así te sabes defender en un metro cuadrado con tus posturas, jeje, me gusta eso. No te me enfades eh :P
Y me tienes que explicar con detalle lo de los planos perfectamente encuadrados en función de que.
Un abrazo y sigue siempre ahí al pie del cañón. ;)
Gracias Salva por el mail-aviso: "¡¡¡corrige los errores!!!" Me he sentido "cazador, cazado", ¡mola!
Isma, cuando me acerque por Madrid hacemos un intensivo de cine oriental, no te preocupes. Yo pongo las pelis, tú la casa.
Por cierto, ¿queréis que os dejemos solos?
Iván, no pillo por dónde quieres ir.
Me refería que más que valorar una obra es una comparación de sociedades distintas y formas de ver la vida, ¿era esa la intención?
Si te refieres a lo de los planos, lo decía porque no existe un plano bien encuadrado por si mismo, supongo que te refieres a un equilibrio compositivo (que luego puede ser bueno o malo en función de lo que quiera expresar por si mismo y los que le preceden o le siguen).
Por cierto, dos cosas, me leí alguna cosa de Zunzunegui y no se si no di con lo adecuado pero no me pareció que hablara de cine, recomiéndame algún artículo en concreto, please.
Y la segunda cosa, que vi el otro día "The Borrowers", aquella peli con la cual dijiste que te quedaste sola defendiéndola, y no me parece especialmente mala, me divertí bastante, más cuando sugiere que cuando muestra, pero cuando muestra tiene miga la cosa, no me parece mala.
Saludos!! ;)
¿Aún no has entendido, después de horas y horas de discusiones, que las valoraciones me dan bastante igual? A mí Tokyo sonata me ha gustado pero cuando escribo no trato de vender una peli por sus "valores calculables" porque para eso hay gente más adecuada. Simplemente he hecho una comparación sobre cómo para hablar del mismo tema se toman decisiones (narrativas, mayormente, aunque también de puesta en escena aunque haya hablado poco sobre ello) según la cultura en la que se centre la historia. Algo en lo que me hubiera gustado profundizar pero que por temas de espacio no pudo ser (de hecho, tuve que cortar casi la mitad del texto)
Sobre los planos: "Planos perfectamente encuadrados, movimientos suaves de cámara... Toda la película está pensada al servicio de que el operador no cobre protagonismo. Tokyo sonata es (aparentemente) perfecta y clásica..." Es decir: perfeccionismo clásico, planos clásicos, encuadres clásicos... A eso me refiero; a que busca la dirección invisible y una puesta en escena bastante sobria. ¿No se entiende? Jodida la hemus! ¿¿Dónde están los editores de Transit cuándo se les necesita?? ;)
Lo de Zunzunegui te lo dije en broma por tu comentario sobre Straub-Huillet pero me alegra saber que me haces caso! XD
A mi The burrowers me gustó mucho, tendría que volver a verla sin resaca sitgenca porque llevaba unas cuantas cuando la vi.
Pero te lo decía porque no es cuestión de valores calculables o no, es que no hay valoración bajo mi punto de vista, ni calculable ni reflexiva, solo comparación, pero bueno, no se, yo en este caso (y sabes que siempre te soy sincero) creo que el artículo está por debajo de tu capacidad, y eso es porque creo en ti.
Y tranquila, jeje, que entiendo a que te refieres con lo de los encuadres y la dirección invisible, es solo que cuestiono por regla general ciertas diferencias que se suelen hacer a nivel cinéfilo de estilos de rodar, más que nada porque del estilo invisible que tanto se comenta sobre el cine clásico, solo había 2 o 3 directores de la inmensa variedad del cine antiguo. El llamado cine clásico no contenía tanto estilo invisible como se suele decir de manera superficial (Ford & Hawks). Pero esa es otra historia que ya hablaremos :P
Claro que te hago caso, que te pensabas? xD, la que no me hace caso eres tu! jaja
Saludos! ;)
Ahí radica la diferencia entre:
1) escribir cuando y sobre lo que a una se le antoja
y
2) escribir sobre lo que a una le piden.
Se me nota demasiado la diferencia aunque por ahí dicen que mi texto mejora como el buen vino... pasado el tiempo ;)
(obviamente la parte del Amén es en la que puse más ganas... ¡¡y también se nota!!)
Gracias por el apunte y por la fe. Y por los huevos.
ah vale, me callo, entiendo.
De todas formas, como te decía, interesante...y de nada, para eso estamos cuando alguien lo merece.
:)
Soberbio, Mónica. Enhorabuena.
1 saludo!