
- Aún no sé muy bien por qué pero el giro final de El silencio de Lorna me recuerda al de Anticristo.
- Mi dilema con Origen no gira alrededor de si la peonza cae o no, o si es una gran película o el bluff del año. Mi dilema con Origen deviene ya en mi problema con el cine de Nolan. Y lo bueno de los problemas es convertirlos en un aprendizaje, así que allá voy. Objetivo: desterrar la idea de que un film sólo es realmente bueno si se instala en el imaginario (común o individual) del espectador.
No, Origen –como el resto de la filmografía de su director- no me ha generado ganas de escribir (a pesar de que ahora lo esté haciendo), ni de pensar sobre la película (lo cual también he hecho… ay madre que me contradigo…) ni desarmar su guión para buscar posibles interpretaciones (eso no, ufff). Pero lo que sí ha hecho han sido dos cosas:
1) hacer que dos horas y media (x2 visionados) me pasen voladas
2) enfrentarme de cara al prejuicio que dice que una película de consumición directa no es una buena película.
El punto 1 me supone un “Óle” casi más grande que el que dedicaría a la prohibición de la tauromaquia en Cataluña. El punto 2 me recuerda al proceso ya desmantelado de asumir que una película que me aburre me puede gustar o que un film que me deja K.O. en el momento de su visionado, puede ir creciendo en mí con el tiempo y el pensado. Del mismo modo, el cine de Nolan me provoca la necesidad de reconocer y admirar como buen cine todo aquello que dentro de su inmensidad (me refiero más a la grandeza de su tiempo de metraje que a su trama) no despierta ni un ápice de aburrimiento en mí. ESO, señores y señoras, también debe de ser reconocido. Y ahí, por mucho que el film no me parezca a la altura de tanto debate sobre su trama y verosimilitud, yo me saco el sombrero.
- No deja de sorprenderme la capacidad de ofendernos que tenemos los seres humanos ante provocaciones tan gamberras y simpáticas como vacuas.
- Me aburrí viendo Pesadilla en Elm Street: el origen, lloré a moco tendido con el final de Toy Story 3 (de la que podéis leer un magnífico texto de mano de Óscar Brox en Miradas de cine, me sorprendió para mal la desmotivación del guión de Niños grandes, y me acojona ir a ver The Last Airbender.
- Shutter Island me sigue pareciendo la mejor película que he visto en cines este año. He dicho.
- Viendo The Cove me queda la sensación de que la película gira no alrededor del mundo de los delfines sino de la propia película. Es decir, funciona como “cómo se hizo” de sí misma pero sin que exista la película fuera del “cómo se hizo”.
- Ignoro si Sacha Gervasi lo ha querido así o si ni si quiera se ha dado cuenta, pero el retrato que hace de sus héroes, Lips y Robb Reiner, en Anvil - El sueño de una banda de rock es el de dos personajes que rozan el patetismo. El acercamiento emocional con el que les enjuicia no deja de crear más lástima que admiración, con un resultado final de “va, voy a comprar sus discos… por pena”.
- No entiendo el mal recibimiento de crítica y público hacia la desternillante Zombis nazis… Aish, creo que la revisaré un día de estos en sesión doble con Zombis party.


